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Fotos de Pablo Malletti, Uruguay

Todo parece igual que siempre el ambiente me resulta familiar. Llego y veo gente con sus equipos de escalada desplegados arriba de los protectores de cuerda. Ya hay escaladores “listos” con sus arneses puestos. También hay mate bajo el brazo y casco en la cabeza, una guitarra. Está Pablo, el motor de este proyecto, observando con la cámara en la mano atento a los guiños de este ritual tan particular: la escalada.

Llego con esa urgencia que me caracteriza en la city, “bueno en qué andan, vamos a escalar?” y ahí mismo empieza el baile de las cordadas. 

Están: Pedro, Bruno, Pablo, un grupo mixto de neófitos de la escalada y una montañista salteña, Magui. Les cuento un poco sobre las rutas que hay en esa cara de las canteras. Si bien para la mayoría no es la primera vez, es la segunda y me tomo el atrevimiento de volverme la anfitriona de estas rocas citadas y les cuento un poco sobre las rutas que estamos viendo, el puente y alguna anécdota de los ganzos del lago mientras Magui documenta a un escalador al lado de un cartel que dice «Prohibido escalar».

Por lo que entiendo del boca a boca, las canteras las equipó La Muralla hace unos cuantos años (gracias La Muralla), desde 1994 se escala en las Canteras. Fue de escalada libre hasta el 2019 luego de una caída de un bloque de roca gigante se prohibió la escalada. Si bien La Asociación de Escalada logró gestionar un tipo de autorización a través de la Intendencia para poder escalar, hoy requerimos de un permiso el cual debemos pedir dos semanas antes de la actividad limitándonos enormemente el desarrollo libre de nuestro deporte. Era muy común pasar por las canteras un día de clima agradable y ver escaladores, no importaba ni el día ni la hora, siempre había escaladores. Escaladores nuevos, escaladores más experimentados, sus familias tomando mate, sus amigos, todos ahí congregados para disfrutar del deporte en primera persona o como observadores.

Llega mi cordada prácticamente obligado por el compromiso de cuidar a su cordada, o sea, yo. Llega Abi, la gringa que se enamoró de Uruguay y de la escalada en Uruguay y suena mi teléfono justo cuando con Martín nos ponemos a equipar una de las rutas más peleadoras de las canteras. Me suena el celular y es el trabajo. Me disculpo y voy a atender las obligaciones inesperadas. Cosas pasan y es como que esa llamada me transportara al pasado. Cuando vuelvo están en escena gente muy querida del pasado: Andrés Nascelle, Leandro Lemos, Inés Gonzalez, Juan Vega, Gaby Deber. Y se me llena el alma de ver esas interacciones entre el presente y los de siempre, los personajes que para mi eran tan habituales en las canteras, estábamos ahí, nosotros, como si el tiempo no hubiese pasado. Y veo la gratitud y felicidad en ellos, los de siempre, que se alejaron del deporte probablemente por esta pérdida de este espacio tan privilegiado. Las canteras, un oasis en la ciudad para tanto escaladores. Puede que para Martín tan oriundo de Arequita, las canteras pierdan protagonismo y lo entiendo, pero al ver la alegría de aquellos que escalaron conmigo en la ciudad por tanto tiempo antes de las prohibiciones entiendo lo que es tener este pequeño y gran espacio tan cerca. Nos vuelve manada de nuevo, sin pedirle mucho a la vida, ahí estamos, desempolvando viejos hábitos, tan naturales para nosotros y tan arrebatados por las burocracias, arrancados de nuestra vida cotidiana, porque ya no nos es permitida la espontaneidad, no podemos decir “hoy salgo a escalar” como diríamos “hoy salgo a correr”, y ahí estamos todos, como en los viejos tiempos, qué dirían las canteras si pudieran contar lo que ya no ven. De lo que ya no son testigos. Una carrera se prepara para el domingo, la tropa de Salus está instalando todo tipo de propagandas mientras nosotros le sacamos el jugo al sábado. Las carreras siguen, sobrevivieron a las pandemias y otras vicisitudes, y nosotros seguimos firmes pidiendo a las autoridades que nos habiliten las rocas montevideanas que tanto bien le hacen al desarrollo del deporte con la esperanza de pronto volver a la espontaneidad de nuestros rituales. No puedo dejar de preguntarme qué dirían las canteras si pudieran dar su testimonio. Por lo pronto les dejo los testimonios de los escaladores de siempre que se pudieron reencontrar con las canteras luego de tanto tiempo.

«Lo que recordé el sábado pasado con las canteras era esto lindo de hacer una escapada rápida de un par de horitas, de encontrarse con amigos, o llevar gente que no se cuelga a hacer un viaje largo hasta el cerro (Arequita) pero te aguanta la cabeza en salir a tomar mate a la rambla y te acompaña,  después seguís de largo y haces otra cosa. No le tenés que dedicarle un día para escalar roca».
Gaby Deber

María Inés

«Volver a escalar poder volver esa sensación que es Única de libertad, el contacto con la roca con el desafío con uno mismo y con el plus de hacerlo a pocos minutos de donde vivimos es de los regalos más lindos que te puede hacer un amigo un sábado. Un fin de semana. La sensación de volver a escalar es como «vuelvo a desafiarme, vuelvo a ponerme un límite nuevo con cada paso, esa sensación de tener la roca y como empatía con la roca es inexplicable, nunca es suficiente un ratito», super agradecida por la invitación».
Maria Ines Gonzalez

Andrés Nacelle

“La pandemia distorsionó muchas cosas, entre otras la percepción del tiempo. No tengo tan claras las referencias, ¿cuánto hace que no escalo en las canteras? Tengo un recuerdo perdido de otra jornada excepcional de escalada en las canteras post prohibición, ¿fue real o un sueño?… ¿o un deseo? Pero hoy es real, estamos acá, después de mucho tiempo. Somos otros, pero también somos los mismos, el espíritu de camaradería con gente que conocí hace no más de una hora, los vi reír, practicar su arte y ellos a mi y eso fue suficiente para confiarnos mutuamente nuestra seguridad, estar dispuestos a pender de una cuerda y de las manos de hombres y mujeres que después de años podemos vivir nuestra ciudad practicando como antes el deporte que amamos. Estos años entre pandemia, largas horas de trabajo y estudio, el ejercicio y otras cosas saludables quedaron por el camino pero, las canteras me llaman. La oportunidad de hacer algo por un lugar y una comunidad que me importan me sacan del letargo. El cuerpo se acuerda de los movimientos pero está débil, me duelen los dedos y los músculos pero me siento mejor que hace mucho. Al final me quedo con esta gente y este espacio, que sigue siendo un refugio, un pequeño templo de naturaleza que apreciamos y cuidamos”.
Andres Nacelle

Proyecto Zorro Gris, fotorelatos de la escalada uruguaya, es una proyecto entre Pablo Malletti y Revista Es Pa’rriba podés encontrar mas información en este LINK.

Un pensamiento en “Proyecto Zorro Gris: escalar en la Canteras del Parque Rodó

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